El búho nos mira,
Calla con los ojos,
Tu mirada esquiva
Inunda los rincones de la cama
Con tanto miedo nos buscamos
El abismo nos juguetea entre los dedos grises y los nudillos carcomidos.
Mi juicio que es el del tonto
Quiere obligarte y yo quiero cesar.
César de obligarte.
Aún así soy la canica que queda en la línea de tierra y no se sabe quién pierde.
No hay marea y no hay laguna
Apenas las gotas de un silbido de sal.
El aletear despierta, casi huraño, tu cariño.
Vuelve el beso y vuelve y vuelve.
Que no vuelva.
Cada que vuelve, el búho parpadea.
Y la sal, la sal se rinde.
Daniel Diner.
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